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¿UN QUINQUENIO GRIS O CINCO DECADAS NEGRAS?

Oswaldo José Payá Sardiñas

Nunca podré olvidar aquellos tiempos de cautiverio y liberación en la Isla de Pinos en la que fui confinado en campamentos de trabajo forzado junto con otros muchos jóvenes. Pero no los recuerdo con odio, ni siquiera para aquellos profesores que siendo yo un adolescente que terminaba la Secundaria Básica, “informaban” sobre mis desviaciones ideológicas. Porque era, y soy, católico práctico y no lo negaba y por algunas expresiones de crítica al Gobierno y también a los soviéticos que invadieron a Cheoslovakia. Eso me dio el pasaporte directo y sin escala a los campamentos de “los castigados” en mayo del 1969. Ni tampoco para aquellos que fueron verdaderos verdugos que nos obligaban a trabajar diez horas diarias como animales, vestidos con verdaderos rapos y durmiendo y transportándonos como ganado. No lo recuerdo con odio, porque fue una etapa luminosa y evocando aquellos que dicen “la cosa empezó en galilea” al remontar a los orígenes de liberación, tengo que decir que en continuidad con aquella cosa, “la cosa empezó en Isla de Pinos.”

Regis Iglesias, nació en Septiembre del 1969, pero ¿a que viene eso ahora?

Ya miles, decenas de miles de jóvenes, antes de esa etapa a la que ahora llaman cariñosamente gris, habían sido confinados en la Unidades Militares de Ayuda a la Producción, UMAP.

Cazaron para la UMAP y después para nuestros “campamentos de castigo”a miles de jóvenes. Muchos vieron sus vidas destruidas para siempre. Confinaban a religiosos, a hijos emigrantes a los que no se les permitía salir del país por tener edad militar, a hijos de presos políticos, a homosexuales, a cualquiera que el Comité de Defensa de la Revolución señalara como desviado y también a los que gustaban del Rock, los Beatles y Rolling Stones. Perdonen, aparece en mi mente ahora la imagen de Regis Iglesias, con su melena, extemporánea y contestataria y su afición al Rock, pero no es de aquel tiempo. El solo tenía 33 años, en Marzo del 2003 cuando fue condenado a dieciocho años de prisión junto con los otros 74 Prisioneros de la Primavera de Cuba. El escribe versos, dibuja caricaturas, escribe artículos, promueve la libertad de expresión y por eso es gestor del Proyecto Varela. No es ni un artista o intelectual o periodista con carné u organizado oficiosamente en la Unión de Periodista y Escritores de Cuba. Es un poeta libre, uno de los jóvenes de liberación. El está en prisión, junto con periodistas independientes y defensores de los derechos de las personas a la libertad de expresión. Pero yo no quería hablar de él, no sé porque apareció aquí, en este tema que trata de los artistas e intelectuales y de los matices de iluminación u oscuridad de las diferentes épocas.

Desde mucho antes, diría yo, con el mismo triunfo de la revolución nacieron la exclusión y la intolerancia para los que piensan diferente, se expresan diferente o sencillamente no aparentan “ser revolucionarios.” Nacieron los cuestionarios interminables para que todo el que quisiera estudiar o trabajar, vertiera, obligatoriamente, todo su pasado, sus relaciones y su intimidad, para poder ser evaluado como digno o indigno, como revolucionario o gusano y contrarrevolucionario. Estas, son palabras todavía usadas contra los que no son incondicionales a la línea oficial de cada momento o se atreven a proponer cambios. Estas y otras ofensas son vociferadas, todavía, en los actos de repudio que aterrorizan a familias indefensas y por los “intelectuales y periodistas” de esas sesiones de odio y mentira conocidas como Programa Mesa Redonda.

Miles de jóvenes o no jóvenes, fueron expulsados de las universidades y de los trabajos, encarcelados, solo por expresarse libremente o por no expresar incondicionalidad, pues a nombre “la revolución se exigía declaración de fe y todavía en muchos ámbitos se exige esa incondicionalidad. Pero hay más. En todos los marcos de la sociedad se clasifican y se fichan a las personas según su conducta y pensamiento político, con las consecuencias de oportunidades o de exclusión y de represión según el caso.

Recuerdo como mi hermano menor, Carlos Alberto, poco antes de terminar el Preuniversitario, fue sometido, como todos los alumnos, a la Asamblea por la Educación Comunista. Una especie de juicio final en vida, contra indefensos adolescentes, para decidir si era digno o no de ir a la universidad. Por aquella época, 1980, miren eso después del quinquenio gris, el gobierno promovía muchos “actos de repudio” o pogrom fascistas contra los que querían emigrar por la vía del Puerto del Mariel. Carlos Alberto no se iba, pero lo emplazaron a definirse con o contra la revolución y el dijo (como el Indio Hatuey) “si esto es la revolución, si ustedes van a una Iglesia a hacer un Acto de Repudio me encontraran allí defendiendo la Iglesia.” ¡Pecado ha! Y lo inhabilitaron de entrar en la Universidad. Pero años después se presentó a una convocatoria entre miles de jóvenes en la que otorgaban a los primeros ganadores la carrera que quisieran. El ganó y escogió Arquitectura. Ya ven siempre hay oportunidades. En el cuarto año de la carrera la Seguridad del Estado se presentó en la Universidad y le dijo que “lo iba a partir” debido a su mala influencia ideológica. Lo que hizo la Seguridad fue ordenar a la Federación de Estudiantes Universitarios, a la Unión de Jóvenes Comunistas y a la dirección de la Facultad que le hicieran un “acto de repudio espontáneo (un progrom) para que así fuera expulsado “por las masas.” Tuvimos que enviar a España al más pequeño de los hermanos. Muchos miles, cientos de miles han tenido que tomar y toman ese camino dolorosísimo del destierro, por pensar diferente y atreverse a hablar diferente o para buscar un horizonte de libertad lejos de su patria querida.

Prefiero hablar de hechos y personas, porque la gente común, como yo, entienden de hechos y personas.

No puedo olvidar a mis hermanitos de la Isla de Pinos, entre a ellos a Humbertico Leon, el del conjunto de Rock Los Kent, que después en el año 1980 fue condenado a cuatro años de prisión por estar escribiendo un libro “peligrosos” según el análisis de “intelectuales oficiosos” que servían de apoyadura a los tribunales. Algunos de estos intelectuales pueden ser ahora emigrantes o estar todavía en el “olimpo de los autorizados.”

Por mucho que quiero hablar de conceptos siempre salen las personas. Pero hablemos de conceptos.

Yo pregunto ¿que hubo antes y después de ese tono gris? ¿Acaso libertad?

La injusticia no empezó cuando afectaron a algunos de los “permitidos,” ni se acabó cuando los reivindicaron o les dieron licencia, para crear dentro de ciertos límites y realizarse o para ser empresarios o contratarse y publicar en el extranjero en medio del “socialismo o muerte” que prevalece para la mayoría. Tampoco la injusticia empieza cuando alguien decide quedarse en el extranjero y decir lo que no ha dicho hasta ese momento. Comprendo la reacción de muchos artistas e intelectuales ante la presentación en televisión de alguien que les dañó o que conculcó sus derechos durante una etapa, también a nombre y con el poder de la revolución. Apoyo el derecho a la protesta y la reivindicación de los artistas e intelectuales afectados. Muchos cubanos, millones, ven y escuchan todos los días en televisión cosas que les dañan a las que quisieran contestar, pero no tienen voz y los artistas e intelectuales que la tienen no hablan por ellos. Es necesario abrir la lente, levantar la cámara en SUM más que para abarcar todo en el tiempo y el espacio, para abarcar a todos los cubanos. Eso sería pasar de defender intereses y sentimientos propios, a algo que es legítimo, a la solidaridad.

Es un derecho de todos los cubanos que se abra la memoria histórica, pero hay un derecho mayor, que incluye al anterior y es que se abra un nuevo horizonte de libertad y derecho para todos. No en un ambiente de ajuste de cuentas, sino de reconciliación y liberación. Por esos ideales están presos, los prisioneros políticos pacíficos cubanos.

Con humildad hago un llamado a los intelectuales, periodistas y artistas, vivan dentro y fuera de Cuba, de todas las posiciones y situaciones. Un llamado a la humildad y a la opción por las personas, por el pueblo. Más que reivindicar la justicia para un grupo de personas por una etapa gris que sufrieron, esta opción por el pueblo, por la solidaridad, significa defender los derechos a la libertad de conciencia y expresión para todos los cubanos y promover el dialogo nacional que nuestra sociedad necesita.

Este episodio, de mucha importancia, debe llamarnos a la reflexión, porque aun prevalecen la intolerancia y todos los rasgos de la cultura del miedo en nuestra sociedad. No creo entonces que algunos pretendan encontrar su propio oasis permitido, en medio del desierto de la negación de muchos de los derechos para la mayoría. Pero es un escándalo, que para muchos de los artistas e intelectuales cubanos, no sea un escándalo, que hayan decenas encarcelados, sean intelectuales o no, sólo por defender los derechos de los cubanos. Estos prisioneros defienden inclusive los derechos de los artistas e intelectuales y hasta los derechos de los que los persiguen.

Cuba necesita del dialogo entre personas libres para abrir ese nuevo horizonte. Un dialogo sin fronteras ni exclusiones. Quizás no nos pongamos de acuerdo sobre el pasado, pero tenemos la responsabilidad de ponernos de acuerdos sobre el futuro, de sembrar la esperanza. Podemos construir en ese espíritu el nuevo tiempo para la nueva generación, que tiene derecho, con melenas, si vuelven a usarse, o raspados, si lo prefieren, a hacer su propio tiempo, su propia vida, en la libertad y la fraternidad.

La Habana, 1 de febrero de 2007

Para más información o para obtener una copia del comunicado, favor de contactar: Francisco De Armas, Julio Hernández, Representantes Internacionales, Movimiento Cristiano Liberación, (787) 549-1805, fdamcl@cs.com